Dimensiones de la formación

1. Formación humana


El punto de partida del religioso paulino es la formación del hombre recto, que tiene como finalidad "desarrollar armónicamente sus capacidades físicas, morales e intelectuales" (RF n, 137).

Hay que aprender a administrar con responsabilidad el don inapreciable de la salud física y psicológica; cultivar el autodominio y la disponibilidad; cultivar la madurez humana que se manifiesta en "la estabilidad afectiva, la capacidad de tomar decisiones ponderadas y el recto modo de juzgar personas y acontecimientos" (OT n. 11), adquirir la rectitud y la fortaleza de espíritu para lograr una personalidad equilibrada, el sentido de responsabilidad, el buen uso de la libertad, la preocupación por la justicia, la fidelidad en las promesas y todas aquellas virtudes humanas indispensables para quien se consagra a Cristo (cf. OT n. 11). Puesto que vivimos en comunidad, es necesario partir de la formación de un carácter sociable y cultivar el diálogo para adquirir la capacidad de perdonar y vivir en armonía como hermanos.

2. Formación cristiana

Todo candidato a la vida paulina es ante todo un bautizado, y por lo tanto, llamado a vivir una profunda experiencia de Dios. según el dinamismo de las virtudes teologales, en el espíritu de las Bienaventuranzas y en la praxis de las obras de misericordia, mediante una coherente vida sacramental. En este sentido, nuestros procesos de formación garantizarán la paulatina configuración con Cristo (cf. Ga 2, 20; 4, 19) y la asunción de los valores evangélicos, mediante el contacto con la Palabra de Dios y la vivencia diaria de la Eucaristía como fuente y culmen de nuestra vida cristiana (cf. RF n. 52-57).

3. Formación religiosa


El paulino es, antes que apóstol, un religioso. Por eso a la formación espiritual hay que dedicarle el mayor empeño, pues en la medida en que el paulino posea una profunda formación espiritual en esa misma proporción será apóstol.

Nuestra espiritualidad está centrada en Cristo Maestro y Pastor, Camino, Verdad y Vida; en María, Reina de los Apóstoles, y en San Pablo, como el incansable seguidor de Cristo, que nos impulsan a buscar en la vida interior la fuente de nuestra configuración con Cristo y de nuestra dedicación a la misión.

Viviendo la espiritualidad paulina se podrá superar la engañosa dicotomía entre contemplación y acción, ya que el ser y el hacer se encuentran fundidos en una síntesis maravillosa de vida. El paulino tiene un estilo propio de oración qu ese llama el "método paulino", centrado en Cristo Maestro y Pastor, Verdad, Camino y Vida, y que comprende a la vez contemplación y la acción: se asimila la Palabra de Dios (Verdad), nos confrontamos con ella (Camino) y se obtiene la gracia (Vida) por la invocación a Cristo. La fidelidad a las prácticas de piedad con el "método paulino" es el secreto de la fidelidad a la vocación y a la misión.

La vida espiritual del paulino está iluminada por la esperanza del paraíso y el admirable ejemplo ascético del Fundador. Él no nos pidió penitencias corporales, pero sí una vida austera u una generosa dedicación al trabajo, elevado a la dignidad de "camino de perfección" para el paulino. Además de las prácticas de piedad semanal, mensual y anual, la jornada del paulino comienza generalmente con la meditación por la cual entramos en íntima unión con Dios. "El hábito de la meditación diaria es el secreto de la santidad de muchas almas" (VA n. 861).

Sigue la eucaristía que es el centro de la vida espiritual del paulino, "gloria del sacerdote, fortaleza de los mártires, alimento de las vírgenes, secreta potencia del apóstol, fuente de todas las gracias" (VA n. 833).

La jornada del paulino generalmente se concluye con la visita eucarística, que es como una escuela donde el discípulo se encuentra amigablemente con el Maestro. Nuestra piedad es ante todo eucarística, pues "la Familia Paulina nació del tabernáculo, se alimenta de él y de él vive, actúa y se santifica" (VA n. 851).

4. Formación apostólica

El objetivo fundamental de la formación paulina es formar al apóstol. Los temas de la formación se orientan todos al aspecto primordial: "Vivir y dar a Cristo Maestro Camino, Verdad y Vida a la humanidad".

La formación apostólica del paulino exige una fuerte preparación intelectual, que no se limita a las etapas de formación básica, sino que impone un permanente empeño de actualización.

En cuanto a la formación intelectual del paulino hay que recordar lo siguiente:

a. El estudio debe estar siempre orientado a la misión, a la tutela del carisma paulino y al cultivo del sentido de Familia Paulina en orden a proyectos apostólicos convergentes (cf. Documento final del X Capítulo general, línea operativa n. 5.1.2.).

b. Es indispensable una estrecha colaboración y diálogo entre el Coordinador de la PV/F y el Director General del Apostolado, a fin de planificar, organizar y evaluar la inserción de los formandos en los varios sectores del apostolado.

c. Hay que dar importancia a los contenidos propios de nuestra misión: Biblia, catequesis, liturgia, pastoral, teología, filosofía, ciencias de la comunicación, ciencias humanas, etc.

d. Tenemos que abrirnos también a la especialización en nuevas disciplinas, como las ciencias económicas, administrativas, sociológicas, psicológicas, informáticas, etc., además del estudio de las lenguas, necesario para nuestra misión.

e. La alternancia entre estudio y apostolado constituye un fuerte estímulo para lograr un mayor provecho personal y para orientar la preparación intelectual en función del apostolado.

La "formación al apostolado en el apostolado", es decir, mediante una preparación teórico-práctica, la elaboración de los contenidos editoriales, la preparación del guía de opinión, el análisis crítico de la realidad, la formación de comunicadores expertos y la preparación de perceptores hábiles son los elementos fundamentales de la misión paulina.

Sin embargo, no hay que olvidar que el primer apostolado, según el Beato Alberione, es el apostolado de la oración, en el cual la formación apostólica encuentra el fundamento y raíz del amor a Dios y a la humanidad.